Los primeros días del mes de noviembre de 1912, el gobierno de los Estados Unidos, a través de su representante en México, Henry Lane Wilson, envió una nota diplomática al gobierno maderista en la que, por el tono de la misma, se visualizaba próximo uno de los peores baches en la historia de las relaciones entre ambos países.
En la misiva, el gobierno de William Taft se centraba en las condiciones de los ciudadanos estadounidenses establecidos en México y exigía a la administración de Francisco I. Madero "arrestar y castigar debidamente a los autores de los asesinatos de ciudadanos americanos, terminar con la causa de la supuesta hostilidad" y, finalmente, "mejorar las condiciones generales del país para que los ciudadanos americanos que ahí residen no sufran por el estado de revolución, anarquía y caos en el que se dice México se encuentra".
Aunque las relaciones no habían sido del todo buenas desde que Madero tomó el mando de la nación, a muchos sorprendió la forma en que Estados Unidos se expresaba de su vecino del sur. Las distintas sublevaciones que sufrió el país -encabezadas por Félix Díaz, Bernardo Reyes y Pascual Orozco- en el inicio del gobierno maderista, para mediados de 1912 comenzaban a ser apaciguadas por el ejército federal y pocos focos de insurrección amenazaban a las poblaciones extranjeras en el país.
Pedro Lascuráin, entonces secretario de Relaciones Exteriores, fue el encargado de dar respuesta al gobierno estadounidense. Las condiciones no daban para que ésta fuera en tono sumiso. Desde el principio, Lascuráin expresaba: "Debo contestar que el tono de la nota mencionada ha sido una gran sorpresa para el gobierno mexicano, porque nunca se esperó del gobierno de los Estados Unidos esos reproches tan fuertes, y mucho menos la variación en el espíritu de concordia invocada en dicha nota y el pesimismo de sus conclusiones, muchas de las cuales estaban basadas en un error manifiesto o en una preocupación inexplicable".
Fue el propio Presidente Madero quien mandó a Lascuráin contestar de tal forma a una misiva que traía las características de la mano de Henry Lane Wilson. El Secretario, aunque admitía que "los demonios pueden existir en cualquier parte", esperaba "que el gobierno de los Estados Unidos tome en consideración esta respuesta y estime sus detalles con calma, la juzgue imparcialmente y la considere como una expresión de los propósitos del gobierno mexicano en los asuntos relativos a los residentes extranjeros".
A través de varias cuartillas, Lascuráin rechazó cada una de las imputaciones del gobierno estadounidense, dando, además, fueras fidedignas en cada uno de los casos.
La carta, que ha pasado a la historia como una de las más enérgicas del gobierno mexicano hacia el de su vecino del norte, no podía terminar de otra forma:
"Sin pretender consideraciones especiales, el gobierno mexicano supuso que tenía derecho a esperar que un gobierno amigo no se apartaría de la acostumbrada cortesía y de la consideración al orgullo y dignidad de México... El personal del actual gobierno lamenta el incidente y lo olvida; y como un homenaje a su verdadera amistad con el pueblo americano, y en consideración a la alta estima y respeto que tiene por el presidente americano su gobierno, prefiere no dar contestación a esa parte de la nota en los términos en los que está escrita".
(Publicado en el periódico Reforma, 11 de enero de 2005).
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